Soledad incomprendida

Al pasar por muchas proezas y derrotas que la vida nos da al azar me he dado cuenta que las mejores victorias son aquellas en las que están diferentes personas que te sacan una sonrisa. En toda mi vida siempre he sido un nómada, una persona que va de lugar en lugar; y no me refiero a sitios físicos sino a personas.

Puedo poner dos ejemplos de la vida. El primero hace referencia a las relaciones en pareja que se están viviendo actualmente. El gusto de tener una relación es efímero, supongo que el miedo a salir lastimado, herido, decepcionado son las pocas razones por las cuales las relaciones se sienten como el aire. Y eso me a recordado que al pasar los años comprendí que necesitaba tiempo para mí, para disfrutar la vida solo y más que nada poder conocerme. Sin embargo, era nómada de cuerpos, de almas, de besos; no me conformaba con ningún nicho de carne. Viajaba cada semana, cada tres días, cada noche. Mudaba de piel para tratar de conocerme más y más.

Era un estúpido, un egoísta y sin duda un pobre desolado de amor. Viajar no era la solución porque me ahogaba, me perdía, me vaciaba. Vaciaba mi alma de todo sentir. Los besos se convirtieron en simple roce de labios, los sentimientos se fundían como un foco incandescente ya gastado, inservible. Y que decir del sexo, que se convirtió en nada más que el uso de mi cuerpo para la satisfacción de la otra persona sin que yo sienta placer, sin que sienta amor.

Algo que me producía vida y eran esas personas que consideramos amigos, personas con las cuales compartía el hecho de sentirme vivo, con ellos podía respirar, sentir, abrazar. Dudaba que mi parte viajera, mi parte nómada tomará mi lugar en toda mi existencia, en todo mi universo. Con ese grupo de personas no tenía la necesidad de mudar de piel, no veía inconveniente de explorar mundos, porque conformábamos un hermoso y balanceado sistema solar. Pero acabo todo cuando el bastardo que se ocupaba de explorar mundos se atrevió a invadir este sistema.

Y podría decirse que me sentí, ¿cansado?, ¿cuestionado?, ¿atento? Me sentía diferente. Desaparecí como Plutón, dejé de ser parte de esas vidas. Cuestionaba cada paso que daba, cada abrazo, cada risa. Mis amigos se convirtieron en cuerpos, diferentes, pero seguían siendo cuerpos para satisfacer una necesidad de vacío constante. El monstruo había salido a devorar lo que cree con tanto empeño.

Y era nómada de vidas, era nómada de personas, era nómada de cariño para sentirme lleno y evitar pensar en el constante despecho de vacío que me rodeaba todos los días.

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